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lunes, 25 de abril de 2016

TEMAS, EL HETERÓNIMO ALBERTO CAEIRO.

“Me acordé un día de gastarle una broma a Sá-Carneiro, de inventarle un poeta bucólico, de especie complicada, y presentarlo, ya no me acuerdo cómo, en alguna especie de realidad. Tardé unos días en elaborar al poeta pero nada conseguí. Un día en que finalmente había desistido- fue el 8 de marzo de 1914- me acerqué a una cómoda alta y, tomando un papel, empecé a escribir, de pie, como escribo siempre que puedo. Y escribí treinta y tantos poemas de un tirón en una especiede éxtasis (...) Fue el día triunfal de mi vida y nunca podré tener otro así. Abrí con un título, “El guardador de rebaños” . Y lo que siguió fue la aparición de alguien en mí, a quien di de inmediato el nombre de Alberto Caeiro. Perdóneme lo absurdo de la frase: había nacido de mí mi maestro”

“Alberto Caeiro nació en 1889 y murió en 1915 ( el 16 de abril a las 1.45 p.m); nació en Lisboa, pero vivió casi toda su vida en el campo. No tuvo profesión ni educación casi ninguna (...) Era de estatura media y, aunque realmente frágil (murió tuberculoso), no parecía tan frágil como Carta a Adolfo Casais, 13/01/1935 era (...) Cara afeitada, rubio sin color, ojos azules (...) No tuvo más educación que casi ninguna, solo instrucción primaria; le murieron temprano el padre y la madre, y se dejó quedar en casa,viviendo de unas pequeñas rentas. Vivía con una tía vieja, tía abuela”

Las obras de Caeiro son las siguientes: El guardador de rebaños (1911- 1912;  49 poemas sin título con numeración romana.); El pastor amoroso (entre 1914 y 1930);  6 breves poemas lírico-amorosos); Poemas inconjuntos (1913-1915; 49 poemas sin título).

Es el único de los principales heterónimos que no escribió nada en prosa.

Está considerado el maestro de todos los heterónimos, a pesar de su poca instrucción. Se presenta como un simple guardador de rebanhos al que solo le importa ver de forma objetiva y natural la realidad.

Caeiro nace como un intento de escape del simbolismo que caracterizaba al saudosismo de Teixeira de Pascoaes. Hay que entenderlo como fruto de un intento de renovación, de una huida del exceso de símbolos. La poesía de Caeiro pretende atacar el modo de hacer poesía de los demás. En cierto sentido está haciendo antipoesía.

Poeta de completa simplicidad, considera que las sensaciones son la única realidad. Asensaçao é tudo e o pesamento é uma doença. Sólo le interesa vivenciar el mundo que capta por lassensaciones . Eu nao tenho filosofía, tenho sentidos. Es el creador del movimiento sensacionista. Nada existe, no existe la realidad, sino las sensaciones.

Lo importante es el presente. El pasado es una abstracción y el futuro una ilusión (cualquiera de estos tiempos supondría una intelectualización)

Caeiro fue “o único poeta da Natureza”. Su vida la dedicó a observar las cosas: eu devia vê-las, apenas vê-las/ vê-las até não poder pensar nelas, / vê-las sem tempo, nem espaço,/ ver podendo dispensar tudo menos o que se vê./ É esta a ciência de ver, que não é nenhuma. Esto le enseñó que basta existir para ser completo, y esto es lo que canta en su poesía: cada poema meu dizisto, / e todos os meus poemas são diferentes/ porque cada coisa que há é uma maneira de dizer isto.

Para él, el hecho de escribir versos no hace de él algo excepcional dentro de la Naturaleza, ni
siquiera se califica “poeta”: Uma vez chamaram-me poeta materialista,/ e eu admirei-me, porque não julgava/ que se me pudesse chamar calquer coisa./ Eu nem sequer são poeta: vejo. / Se o que escrevo tem valor, não sou eu que o tenho:/ o valor está alí, nos meus versos. /Tudo isso é absolutamente independente da miña vontade.

En su poesía no encontramos preocupaciones sociales. La gente pasa de largo. Las injusticias sociales, la historia del mundo, los problemas políticos, económicos, etc. no aparecerán. Como mucho, con gran cinismo, son alejados: Haver injustiça é como haver morte/ Eu nunca daría un passo para alterar aquilo que chaman a injustiça do mundo. /Mil passos que desse para isso/ eram só mil passos/ Aceito a injustiça como açeito uma pedra nao ser redonda.



TEMAS:


Su poesía desarrolla y explica su propia teoría poética, cuyas líneas fundamentales son:

1) Actitud vital: realismo sensorial.

Alberto Caeiro era labrador (dueño de tierras), pero en su obra se nos presenta como un poeta que se autodenomina metafóricamente pastor: Eu nunca guardei rebanhos,/ mas é como se os guardasse. Nos muestra un alma de pastor, de campesino (vivía en Ribatejo). El alma de quien vive guiándose por las estaciones, satisfecho con el mundo en el que vive, dejándose llevar. Pasa el tiempo viendo el mundo y las cosas que hay en él. El único modo válido de pensar es “nao pensar”, sino “olhar” y “ouvir”. La percepción sensorial es para él el único modo de conocimiento.Fue un autodidacta. Todos sus conocimientos se basan en una labor personal de aprendizaje o, como diría él, de “desaprendizaje”.

Su ideal de vida: toda a paz da natureza sem gente. La naturaleza será la única realidad: el viento, el sol, las estaciones... Por eso el vocabulario de la obra es reducido, aparece un campo semántico muy limitado, referido a la naturaleza. El hombre, como ser social, apenas aparecerá. Caeiro compara sus sentimientos con imágenes de la naturaleza sin buscarles trascendencia.

El alma existe pero se queda en nada frente a la grandeza de los elementos naturales. Es un alma de pastor que no piensa sobre sí misma ni sobre su situación en el universo.

Rechaza la metafísica, la búsqueda de trascendencia, el conocimiento reflexivo, la carga cultural y el aprendizaje que esa carga supone. Es un poeta sin ambiciones ni deseos, porque eso iría en contra de una actitud “natural”, de su anhelo de ser un animal más de la naturaleza, única verdad dentro de la cual las ambiciones y deseos no tienen sentido ya que carecen de finalidad, de justificación para su existencia.

Aunque en principio ser poeta pueda parecer una contradicción con ser natural, no lo es.

Primero, porque no es fruto de una ambición de triunfo, fama o reconocimiento entre los hombres, sino una manera de estar solo en ese mundo natural. Su único deseo es el de experimentar muchas sensaciones y escribir sólo lo que siente. Segundo, porque su poesía no es como la de los demás.

Escribe como algo natural, por propio impulso y sin artificios. Ante todo quiere ser natural, espontáneo, simple, ingenuo, franco, inconsciente, cotidiano. E há poetas que sao artistas/ e trabalham nos seus versos / como um carpinteiro nas tábuas.../ Que triste nao saber florir!/ ter que por verso sobre versocomo quem construi um muro/ e ver se está bem, e tirar se nao está!



2) La metafísica del no pensar.


Ha metafísica bastante en nao pensar en nada. A Caeiro no le interesan las grandes cuestiones debatidas por la filosofía porque, como ya señalamos, para él pensar es abrir los ojos, percibir sensorialmente el mundo. Ël piensa viendo. Su metafísica será un sistema personal de analizar el universo basado en el puro objetivismo. Solo tuvo instrucción primaria, por lo que sus conocimientos literarios y científicos se supone que no son grandes. Tampoco los necesita, porque la objetividad muestra las cosas tal como aparecen como única verdad. Si pensase en las cosas, dejaría de verlas como son. Hace antifilosofía por ser las filosofías inútiles, por ignorar la auténtica realidad en aras de conceptos abstractos que ni se ven ni se oyen; no tienen, pues, por qué existir y lo único que hacen es oscurecer nuestra alma y que perdamos la ilusión por vivir, lo que es antinatural.

Si comparamos el comportamiento natural con el comportamiento humano veremos que éste, precisamente por pensar, se equivoca. La naturaleza, inconsciente, es siempre buena porque no analiza lo que hace, simplemente lo hace como hay que hacerlo. Será la inconsciencia de la naturaleza, de las flores, de las piedras, lo que envidie Caeiro muy a menudo. Él está satisfecho con el mundo en el que vive tal como es, sin buscar más explicaciones.

Las síntesis lógicas, trascendentales, no dejan de ser simplemente nombres. Las cosas no tienen alma, ni belleza, ni otras cualidades semejantes. Rechaza cualquier tipo de abstracción. Las cosas son como se nos muestran, no hay nada más que comprender. Todo nuestro aprendizaje debería basarse única y exclusivamente en la experiencia sensorial, en lo que la naturaleza nos dice de sí misma. Esto supone una labor de “desaprendizaje” de la carga cultural que nos impide ver la auténtica realidad.


3) Panteísmo y paganismo

Dios, como entidad divina, abstracta, no tiene sentido en el mundo de Caeiro que niega todo concepto procedente de una meditación, al no ser que Dios sea la naturaleza: panteísmo (Dios es todas las cosas)

Niega las creencias cristianas. La naturaleza será el marco en el que nos hablará de un Jesucristo que vuelve a la tierra convertido en un niño cualquiera que se funde en el ambiente natural para disfrutar de él. Un niño es lo que más se aproxima al modelo de vida anhelado por
Caeiro, a esa inconsciencia a la hora de hacer las cosas y, si acaso ha de haber conciencia, esta será siempre sencilla, inocente.

Caeiro presenta un Dios-naturaleza, un Dios-Vida, un Dios de “nuestro mundo”, no una abstracción. Ataca la doctrina católica, niega el cielo y los principales dogmas (la virginidad de María, la concepción por el Espíritu Santo, la crucifixión de Cristo para redimir a los hombres...)


Todo lo ataca como antinatural, extraño y difícil de creer. Ataca a la Iglesia católica como falsa y se burla de la práctica religiosa. Le parece un montaje. Para él, si tuviese que existir un ente divino, sería aquel que fuese lo más humano y natural posible, por eso en un poema dice que el niño Jesús se hace humano “eternamente”, sin misterios, sin llegar a reconocerse como Dios y le enseña que todo lo que hay que aprender es a mirar las cosas y ellas nos dirán la verdad: le enseña la naturaleza.

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