1. NARRATIVA EN VERSO:
1.1) Les Fabliaux:
Los Fabliaux (“hablillas” o “consejas”) son breves cuentos en verso octosílabo, escritos
formando pareados, de carácter cómico y satírico, con argumentos sencillos y personajes sencillos,
elementales y populares: el labrador y su mujer, el estudiante pícaro, el clérigo tacaño y lujurioso, la
mujer desvergonzada, el marido engañado, el rico avariento… personajes tipos reales y vulgares. Los
asuntos están tomados de escenas realistas de la vida cotidiana y suponen el triunfo de la astucia, el vicio
o la mentira frente a la virtud y la honradez. Pretenden conseguir un efecto cómico sin moralizar. Son las
primeras muestras de la literatura satírica que tiene como objeto el reproche de conductas personales o
hábitos sociales mediante procedimientos humorísticos. Surgieron en el norte de Francia entre los siglos
XII y XIV y son fruto de autores cultos. Estos cuentecillos están destinados a un público popular, tienen
finalidad cómica y únicamente buscan provocar la risa. Su transmisión es oral y formaron parte del
repertorio de los juglares.
1.2) Le roman de Renart:
Es un extenso poema compuesto por veinte narraciones escritas en verso octosílabo durante
los siglos XII y XIII. Los animales de esta obra (el lobo, el oso, la cabra, el perro, el gallo…) piensan y
actúan como los hombres, de manera que del conjunto de los relatos resulta un panorama burlesco de los
vicios, de los defectos y de las pasiones humanas, aunque, al igual que los fabliaux, su intención no es
moralizadora, sino sátirica y burlona.
Los relatos están engarzados por un hilo conductor: Renart, el zorro, ha abusado de Hersent,
la mujer del lobo Isengrin, por lo que se entabla una permanente lucha entre ellos.
En la obra resalta el carácter paródico, no solo de personas y actitudes, sino incluso de
géneros literarios, como los cantares de gesta, que salen ridiculizados en los consejos de la corte del león,
o la burla de la novela de caballerías, que se observa en la rivalidad entre el lobo y el zorro.
1.3) Le roman de la rose:
Es un poema narrativo muy diferente del anterior. Compuesto por veinte mil versos divididos
en dos partes, que están escritas en el siglo XIII por dos autores distintos: Guillaume de Lorris y Jean de
Meung. El poema es una alegoría sobre el amor. El poeta sueña que entra en un jardín en donde le recibe
una doncella. Mientras inspecciona el jardín, el poeta ve una rosa y la va a coger, pero Cupido se lo
impide lanzándole flechas, hasta que lo hace su prisionero y le explica los mandamientos sobre cómo
conquistar la rosa. Presenta una visión del amor en la que se funden tradiciones literarias anteriores: el
amor cortés trovadoresco y la influencia del Ars Amandi de Ovidio. Le roman de la rose resultó una obra
de gran influencia en su época y representa el proceso amoroso desde sus inicios hasta su culminación.
1.4) El Mester de Clerecía:
En España, la poesía narrativa está representada por las creaciones del Mester de Clerecía. A
partir de la segunda mitad del siglo XIII y durante la primera mitad del XIV, se desarrolló un tipo de
narración formado por estrofas regulares de cuatro versos alejandrinos cada una con rima monorrima
consonante; esta estofa recibe el nombre de Tetrástrofo monorrimo también conocida como cuaderna
Vía. Los temas de estas narraciones en verso, cuya regularidad contrasta con la polimetría de los juglares,
son tanto religiosos como profanos y muchas de ellas tienen una intención didáctica y moralizadora. Son
obras de escritores cultos, generalmente clérigos. Entendiendo por “clérigos”, en este caso, a todas
aquellas personas que hubieran recibido una formación latino-escolástica, educación que se recibía en los
monasterios y escuelas religiosas, por tanto, hay que tener en cuenta que hubo autores de Clerecía que no
pertenecieron al mundo de la Iglesia pero que utilizaron las características de este movimiento erudito.
Sin embargo, la característica más destacada de este Mester es que sus temas son tomados de
la tradición libresca y no de la realidad histórica como sucedía en Juglaría. Estos autores son, por tanto,
vulgarizadores más que creadores, ya que su labor es la de adaptar y traducir al romance obras latinas
para que fueran entendidas por el “vulgo” o pueblo.
Las obras más destacadas del siglo XIII son El libro de Apolonio, El libro de Alexandre, sobre
la vida de Alejandro Magno, y el Poema de Fernán González, basado en una gesta castellana sobre el
primer conde de Castilla, hoy perdida. El primer poeta de nombre conocido en Castilla es Gonzalo de
Berceo, el autor más destacado del siglo XIII. Berceo es autor de una serie de vidas de santos, pero su
obra más conocida es Los milagros de Nuestra Señora, un conjunto de veinticinco narraciones en verso,
tomadas de obras latinas, sobre otros tantos milagros que efectúa la virgen en auxilio de sus devotos.
En el siglo XIV, es de capital importancia la obra de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, autor de
una única obra El libro de Buen amor. Se trata de una obra miscelánea, cuya parte central está constituída
por una autobiografía amorosa que narra las supuestas aventuras del yo narrador. En el libro aparecen
también una serie de fábulas y cuentos de origen latino y oriental, algunas consideraciones didácticas de
tipo moral y diversos episodios como el de don Melón de la huerta y doña Endrina de Calatayud, basado
en el Pamphilus de Amore, o la batalla de don Carnal y doña Cuaresma. Juan Ruiz afirma que la intención
del libro es moralizadora, aunque el tono alegre y humorístico del libro han hecho dudar sobre la
sinceridad de esta intención. También perteneciente al siglo XIV es el Rimado de Palacio del canciller
Pero López de Ayala, una amarga crítica de los personajes, vicios y virtudes de la época.
2) NARRATIVA EN PROSA:
2.1) LOS CUENTOS Y APÓLOGOS
Los apólogos medievales
Las primeras manifestaciones de la prosa literaria en lengua romance surgen en el siglo XIII
en forma de prosa didáctica bajo la forma de máximas o proverbios y de cuentos o apólogos, que
pretenden transmitir una enseñanza de manera amena. El apólogo es una narración breve, en prosa, de
carácter didáctico-moral, que junto con la fábula tuvo un enorme desarrollo en la Edad Media. Se
diferencia de la fábula en que el cuento o apólogo consta de presentación, cuerpo del relato y moraleja,
está escrito en prosa y presenta un tono reflexivo y serio.
Estos apólogos didácticos proceden de la cultura grecolatina (es notable la influencia de
fabulistas como Esopo y Fedro) y de la cultura oriental mediante la traducción de tres obras como la
Disciplina clericalis (colección de 34 cuentos orientales traducidos al latín por Pedro Alfonso), El Calila
e Dimna (colección de fábulas hindúes) y el Sendebar (una colección de cuentos narrados por siete
sabios)
Los apólogos medievales de mayor interés los ofrece el infante don Juan Manuel (sobrino de
Alfonso X el Sabio) en su obra El conde Lucanor, en el siglo XIV. Es una colección de 50 cuentos de
procedencia clásica y oriental que amenizan las enseñanzas morales que el autor pretende transmitir. Ante
un problema planteado por el conde Lucanor, su consejero Patronio le contesta con un enxiemplo que
invita a adoptar una determinada enseñanza para aplicarla en la vida. También El libro de buen amor del
Arcipreste de Hita contiene una buena cantidad de fábulas y apólogos de origen oriental.
Las mil y una noches
Entre las obras de la literatura árabe posterior a Mahoma, sobresale el conjunto de cuentos
conocido con el nombre de Las mil y una noches, que circuló durante siglos de manera oral hasta ser
fijado por escrito en el siglo XV. Por su influencia en las literaturas posteriores es la obra más
representativa de la literatura árabe.
La obra trata todos los temas, desde lo fantástico a lo realista, desee lo picaresco a lo
cortesano. En Las mil y una noches se habla de todo: recetas de cocina, secretos de alcoba, escenas de
palacio, chistes, escenas picarescas, descripciones de viajes y, algunas veces, hasta ecos de la vida real.
La técnica narrativa que emplea es el encadenamiento: mediante una labor de suspensión, de
presentación de un relato incompleto que se acabará en la siguiente “noche” coincidiendo con el inicio de
uno nuevo. El argumento es el siguiente: el rey de Persia mata a su esposa por considerarla infiel, y desde
entonces ordena que le entreguen cada noche una doncella, a la que hará ejecutar a la mañana siguiente.
La joven doncella Schehrezade, la hija del visir, con su habilidad e inteligencia, logra entretener al sultán
contándole cada noche un cuento que deja incompleto. Por el interés suscitado, el sultán aplaza la
ejecución. La doncella, a la noche siguiente, utiliza el mismo truco; acaba el relato anterior e inicia uno
nuevo, que también deja inconcluso, con lo que va aplazando su muerte noche a noche. Cuando lleva así
“mil y una noches”, y ya no tiene más cuentos, Schehrezade le pide de rodillas al sultán que cambie de
resolución. Este cancela la condena, la perdona y la convierte en su esposa favorita.
Su transmisión oral, supuestamente iniciada en el siglo IX, explica las diversas versiones y
refundiciones del libro hasta que fue puesto por escrito. Los cuentos de Las mil y una noches no tienen,
como era habitual, función moralizador ni intención didáctica, como ocurría con los apólogos. El
propósito de estos cuentos es el entretenimiento de los oyentes. Algunos de los cuentos que atesora como
Alí Babá y los cuarenta ladrones, Aladino y la lámpara maravillosa o Simbad el marino se han
incorporado al tesoro de los cuentos populares de todos los tiempos.
2.2) LOS GRANDES NARRADORES:
Ramón Llull
De singular importancia en la literatura medieval universal es la obra de Ramón Llull, que
concibe la literatura como una herramienta al servicio de la fe y de la vida espiritual. Fue el primero en
escribir en una lengua románica como el catalán sobre materias reservadas hasta entonces para el latín
como la filosofía.
Entre su vasta obra (243 títulos), sobre los más variados temas de filosofía, mística, narrativa,
poesía… destacan especialmente tres obras: Blanquerna (Libre d´Evast e Aloma e de Blanquerna son fill)
que expone los diferentes estados del hombre desde el punto de vista cristiano; El libro de las maravillas
(también llamado Félix) que narra el viaje que el protagonista hace por el mundo para aprender sus
maravillas, que son explicadas por sabios y ermitaños con los que se va encontrando; y El libro de la
orden de caballería, una de las obras más leídas y traducidas de la Edad Media, dedicado a la buena
formación del caballero cristiano, que ejerció gran influencia en obras posteriores como el Tirant lo
blanc.
Geoffrey Chaucer y Los cuentos de Canterbury
Chaucer es, además de gran viajero, traductor al inglés de obras francesas como Le roman de
la rose o de los poemas de Virgilio. Es el autor más importante de la literatura inglesa de la época. Su
obra más universalmente conocida es Los cuentos de Canterbury (1387-1400)
Los cuentos contenidos en la obra fueron escritos aisladamente antes de 1380 y luego
recogidos y agrupados en un relato común. El artificio que los aglutina es el siguiente: una narración
compuesta por una serie de cuentos relatados por un grupo de peregrinos que se dirigen a la tumba de
Santo Tomás Becket en Canterbury. Estos peregrinos, pertenecientes a distintas clases sociales, se
hospedan en la “Posada del Tabardo” y el hostelero organiza, como simple pasatiempo, un concurso para
determinar quién es el mejor narrador de un cuento. El premio es una comida ofrecida por el hostelero.
Este recurso aparece ya en Europa con el Decamerón de Boccaccio. (Que estudiaremos en el siguiente
tema)
Esta estructura posibilitó al autor la utilización de distintos géneros literarios: vidas de santos,
cuentos alegóricos y corteses, o mezclas de ellos. El proyecto no llegó a su culminación, pues Chaucer
sólo pudo escribir veintidós cuentos en verso y dos en prosa, más o menos la cuarta parte de lo que había
planeado.
En los cuentos se encuentran ejemplos de las más variadas historias medievales, aunque la
genialidad del autor consistió en la trama que da unión a los cuentos y la historia. Los cuentos van
descubriendo las personalidades, gustos y diversas opiniones de los personajes que los cuentan.
2.3) ORÍGENES DE LA NOVELA:
Primeras manifestaciones
La novela medieval nace debido a un doble fenómeno; por una parte la degradación y el
desgaste de la épica y por otro la decadencia de la sociedad feudal con el ascenso de la burguesía a finales
del siglo XIII. La novela viene a ocupar en la sociedad burguesa el espacio dejado por la épica y, a
diferencia de esta, es una obra literaria concebida para ser leída y no para ser recitada de viva voz.
Las primeras novelas son el resultado de la mezcla de los relatos caballerescos franceses en
verso de los siglos XII y XIII, inspirados en la antigüedad grecolatina y en el mundo mágico de Bretaña.
Los asuntos de la corte de Bretaña que avanzamos con Chrètien de Troyes toman fuerza en el
siglo XII con temas que giran en torno a la corte del rey Arturo. A diferencia de las novelas de Chrètien
de Troyes, son obras en prosa cuyo núcleo está constituido por tres novelas: Lancelot, que ofrece la
biografía de este personaje que, tras ser caballero en la corte del rey Arturo, se enamora de la reina
Ginebra con la que comete adulterio, La demanda del Grial, que tiene como punto de partida la búsqueda
del Santo Grial por parte de los caballeros de la tabla redonda que les hará vivir fantásticas aventuras, y
La muerte de Arturo, centrada en una corte decandente por la marcha de todos los caballeros y marcada
por la reanudación de los amores entre Lancelot y Ginebra, lo que provoca una guerra civil, tras la que el
rey, herido es llevado a una isla por su hermana Morgana sin que se sepa más de él.
Junto a las obras anteriores, plagadas de aventuras fantásticas e inverosímiles, surge en el
siglo XII el Tristán, una novela sobre la leyenda de Tristán e Iseo, prototipo de la pasión amorosa,
incontrolable y trágica. La obra recrea un ambiente celta aunque también aporta motivos clásicos como el
mito de Píramo y Tisbe, que relató Ovidio en sus Metamorfosis, O la historia de Paris, príncipe de Troya.
Los libros de caballerías
El precedente de los libros de caballerías son las novelas en verso de origen francés del ciclo
artúrico, el denominado roman courtois. En las novelas de caballerías, un caballero andante, modelo de
heroísmo y de fidelidad amorosa, se enfrenta a todo tipo de personajes fantásticos, a los que siempre
vence. Las novelas se sitúan siempre en tierras extrañas y exóticas y se desarrollan en un pasado remoto.
La mezcla entre los motivos fantásticos de las novelas del ciclo artúrico y las hazañas
narradas en la épica hacen surgir en la literatura castellana tres grandes obras narrativas que pueden
considerarse como los precedentes de este nuevo género: La gran conquista de ultramar, aparecida en el
siglo XIV con el ambiente de las Cruzadas como telón de fondo, es una compliación de episodios
novelescos que tiene como hilo conductor a un caballero; El libro del caballero Zifar, es la primera
novela de caballerías propiamente dicha y es de origen español, mezcla asuntos de las gestas francesas
con leyendas cristianas, elementos de la Bretaña y relatos orientales, y Amadís de Gaula, aparecida en el
siglo XIV y considerada la obra cumbre de los libros de caballerías.
Conocemos el Amadís de Gaula, obra de Garci Rodríguez de Montalvo, gracias a una
refundición de 1508, pero todo hace pensar en la existencia de un primitivo Amadís de mediados del XIV.
La obra, que enseguida obtuvo un éxito extraordinario, enlaza con las novelas del ciclo artúrico, en
especial con lo relacionado con el caballero Lancelot y narra las fantásticas hazañas y aventuras de
Amadís. Esta novela refleja los ideales caballerescos de su tiempo, por lo que fue refundida en varias
ocasiones y tuvo numerosas continuaciones. El argumento de la novela está plagado de escenas de
encantamientos, magia y fieras batallas con monstruos y gigantes. Amadís, abandonado en una barca al
nacer, lleva como señales de reconocimiento una espada y un anillo. Crecido en Escocia, conoce a la
princesa Oriana, hija del rey de Bretaña y ambos se juran fidelidad eterna.
En los siglos XIV y XV aparecen las novelas caballerescas, que, a diferencia de los libros de
caballerías, tienden a ser más verosímiles y menos fantásticas. Destaca entre este tipo de novelas Tirant lo
Blanc, escrita en catalán por Joanot Martorell. Esta novela fue calificada por Cervantes como el mejor
libro del mundo y constituye un hito fundamental en el paso de la novela medieval a la moderna. Preludia
lo que será la mentalidad renacentista. Con Tirant lo Blanc se humaniza la literatura caballeresca y de
aventuras, se introducen en la novela el humor y la ironía, y se evita lo inverosímil y maravilloso, rasgo
este último consustancial a los libros de caballerías.
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